La Arqueología de la Sierra Gorda y su importancia

IMPORTANCIA
La Sierra Gorda y su riqueza arqueológica

 

Introducción.

La Sierra Gorda presenta panoramas de notable suntuosidad y magnificencia y, por inverosímil que parezca, es virgen aún en muchos de sus aspectos. Por su fragosidad, presente en sus depresiones, montañas y peñascos, su variada vegetación en sus hechizantes parajes donde a veces la tierra parece terminar y unirse con el cielo, desde hace mucho tiempo constituyó una verdadera "región de refugio", natural y culturalmente hablando, para los indígenas que vivieron y emigraron a ella en tiempos antiguos y aún para los que continúan en ese territorio (figura 1).
Los contrastes de su paisaje constituyen un sueño mágico, al cual se accede con facilidad, aunque no exenta de peligros, por esa sinuosa y ensortijada carretera que conduce a una ilusión panorámica muy especial de diferentes ecosistemas inmersos en un cúmulo de interrogantes y enigmas que guarda esta gran región también llamada Cerro Gordo(1) .

Figura 1. Frontera y límite naturales así como abastecedora de materiales inorgánicos: la Sierra Gorda queretana(2) .


Antecedentes.

Durante las investigaciones del proyecto Arqueológico del Norte del Estado de Querétaro (mapa 1), desde el año de 1990 a la fecha, se han localizado 161 asentamientos que se han registrado en el marco del proyecto arriba citado, y los recorridos y reconocimiento de superficie han permitido realizar nuevos estudios sobre el patrón de asentamiento y en relación con los materiales arqueológicos de esta región, sobre todo cerámicos, los cuales permitieron establecer una cronología de la que hasta entonces se carecía para esta área del norte de Mesoamérica. Pero también, considerando otros aspectos de la cultura de los grupos que habitaron la Sierra Gorda, destaca la forma en que se interrelacionaron las poblaciones nómadas con las poblaciones sedentarias, aspecto cuyo esclarecimiento constituye uno de los objetivos fundamentales del trabajo de investigación que realizamos.

Mapa 1 Localización de la Sierra Gorda queretana.

De hecho, puede decirse que la población prehispánica del Querétaro septentrional, presenta ciertos rasgos característicos como el de haberse conformado a partir de migraciones de diversos grupos étnicos durante diferentes épocas y con distintos estadios de desarrollo cultural, desde grupos nómadas hasta otros de cultura avanzada. Considerando las evidencias arqueológicas de que disponemos hasta el momento para nuestra región de estudio, habría que pensar entonces en dos grupos con culturas y modos diferentes de vida como posibles candidatas para haber participado en el proceso de desarrollo cultural de la región de estudio: uno, de características sedentarias, grupos que se dedicaron, ante todo a la agricultura, con una cultura avanzada, de lo que habla la existencia de montículos, zonas habitacionales y una cerámica desarrollada, amén de otros elementos culturales, como la arquitectura. Por otra parte, encontramos a un segundo grupo de pobladores, seguramente cazadores recolectores.

Ya en la época colonial, la región bien pudo haber servido como zona de refugio para indígenas que huían de la conquista europea(3) . En efecto, creemos que por presentar un ambiente hostil compuesto por macizos montañosos de difícil acceso, además de un clima extremoso, así como por ubicarse en los límites de la frontera septentrional de Mesoamérica, estas áreas pudieron ser "regiones de refugio", porque su situación marginal y su aislamiento las defienden de la agresión de otros grupos, lo cual pudo ser un hecho común en el área. Menciona Aguirre Beltrán:

"Las regiones de refugio, brindan resguardo al grupo propio y a sus integrantes: nunca al extraño. La defensa activa de la condición de refugio es circunstancia sine qua de su existencia y ella la encomienda al mecanismo de la territorialidad(4) ".

De ahí la importancia de analizar los testimonios de la vida material de los pueblos que habitaron esta área en épocas antiguas, que como sabemos, fue de una gran riqueza si consideramos que incluso nuestra región de estudio estuvo relacionada con otras zonas fuera de Mesoamérica, como sería el actual territorio de los Estados Unidos de Norteamérica. En efecto, con el estudio de la industria lítica, concretamente en este caso de algunas puntas de proyectil recuperadas durante las temporadas de trabajo de campo de nuestro Proyecto, puede decirse que estas puntas (figura 2) se correlacionan con otras elaboradas en el área cultural de las Planicies norteamericanas, concretamente de la actual región de Texas. Este estudio comparativo permitió observar los contactos culturales entre el norte de México y el sur de los EE.UU. en la época del Clásico y Postclásico mesoamericanos(5) . Por otro lado, con base en los análisis de materiales cerámicos podemos considerar que las culturas del sureste de Estados Unidos (específicamente de grupos de cultura Adena y Caddo), fueron los portadores de diversos elementos que llegaron, en este caso específico, a la Sierra Gorda a través de rutas desde Tamaulipas y la Costa del Golfo, por los materiales obtenidos durante el recorrido de superficie y pozos de sondeo(6).



Figura 2. Punta semi-completa de calcedonia, localizada como parte de los trabajos de campo del "Proyecto Arqueológico del Norte del Estado de Querétaro, México".

Asimismo, la Sierra Gorda del Querétaro septentrional también muestra una relación estrecha con las culturas mesoamericanas más avanzadas, sobre todo grupos de cultura teotihuacana, con la Costa del Golfo, Río Verde y la Huasteca. De hecho, es posible considerar al grupo que habitó la zona con una influencia muy marcada de estas dos últimas culturas.(figura 3)
Los huastecos pudieron haber sido atraídos a la Sierra Gorda por la riqueza mineralógica de la región. Este pueblo influyó de manera importante en el desarrollo de la civilización del México prehispánico, y este influjo se dejó sentir lo mismo entre los nómadas del norte que entre los chichimecas que descendieron al Anáhuac; habiéndose difundido su cultura a lo largo de la frontera septentrional de Mesoamérica, e incluso llegando al sureste de Estados Unidos(7).

Sin duda es posible pensar que los rasgos culturales que aportaron grupos como los huastecos y otros mesoamericanos que incursionaron por la Sierra Gorda se mezclaron con aquellos propios de los habitantes primigenios de la región, produciéndose entonces un pueblo de civilización peculiar que se manifiesta en sus restos arqueológicos, como es el caso de la cerámica(8), entre otros aspectos que analizaremos.

Rasgos culturales serranogordenses

Arquitectura

Figura 3. Estructura de piedra-laja en forma rectangular en el sitio PANQ-72 "Potrero Chiquito 1", correspondiente a la delegación de Tancoyol de Serra, Qro.

Como resultado de los recorridos en superficie del "Proyecto Arqueológico del Norte del Estado de Querétaro, México" en el área de la Sierra Gorda encontramos en un cerro llamado "El Aguacate", (Figura 4), el asentamiento denominado "El Cuisillo del Aguacate" (PANQ(9)-122), En cuanto a su forma arquitectónica, es una construcción de planta mixta, con esquinas redondeadas en su cuerpo rectangular (similar a la arquitectura huasteca, como puede verse en otros sitios de la Sierra Gorda y en la misma zona Huasteca), con dos cuerpos de construcción separados por una banqueta, construido sobre una plataforma o zócalo. Además, presenta los restos de un templo en su parte superior, entre el cuerpo circular y el rectangular, y muestra también una escalinata con alfardas rectas, orientada hacia el este(10) (figura 5).

Figura 4 Imagen del Cerro del Aguacate en donde se localiza el asentamiento PANQ-122 "El Cuisillo del Aguacate", El Quirino, Querétaro.

La arquitectura con estructuras de forma mixta con diferentes variantes que se presenta también en el valle de Querétaro, fuera de la Sierra Gorda, fue parte de una arquitectura común entre los pueblos del segundo milenio y tuvo tal vez sus raíces en un culto introducido al parecer durante la época tolteca, a decir de Crespo(11).

Este tipo de construcciones de planta circular(12) por lo general aparecen asociadas a una de las divinidades más importantes de Mesoamérica, como lo es Ehécatl- Quetzalcóatl(13)., cuyo culto como dios del viento es de origen huasteco(14). Al respecto de este numen dice Sahagún(15):

"Este Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por dios y decían que barría el camino a los dioses del agua y esto adivinaban porque antes que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y por eso decían que Quetzalcoatl, dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniesen a llover".

Al respecto de la arquitectura distintiva ligada a esta divinidad, Noguera(16), en su clásico estudio, dice:

"La característica propia de la arquitectura huasteca, la constituyen en términos generales, sus montículos y edificios construidos sobre plataformas o terraplenes de barro y piedra de laja. También son un rasgo especial de esta arquitectura los edificios y plataformas de planta circular(17), semicircular o rectangular, algunos con esquinas redondeadas, lo que sugeriría que eran construcciones relacionadas con el dios Quetzalcoatl(18)":

Figura 5. Edificio de planta mixta dedicado al dios Ehécatl-Quetzalcóatl en el asentamiento "Cuisillo del Aguacate" PANQ-122, Sierra Gorda, Querétaro.

La arquitectura de nuestro asentamiento es similar a la de otras zonas arqueológicas mesoamericanas. La forma mixta y las esquinas redondeadas lo relacionarían con la arquitectura huasteca; el adosamiento del edificio al cerro donde se apoya, el sistema constructivo, su temporalidad y el tipo de materiales de construcción que se empleó (lajas de caliza sedimentarias y piedra volcánica) son muy característicos del estilo arquitectónico de la Sierra Gorda. En él, las construcciones se adaptan a la topografía de la región como se aprecia en los asentamientos de Tancama, Ranas y Toluquilla, que se relacionan de manera clara con nuestro sitio. Al parecer las piedras base se desplantan directamente del piso, colocándolas unas sobre otras sin agregar algún tipo de cementante o argamasa como se aprecia sobre todo en la estructura circular B, por lo que pudiera tener alguna relación con el asentamiento de "Balcón de Montezuma", Tamaulipas y desde luego, recuerda la típica forma huasteca de cimentación de los edificios, a decir de García Payón:

"[en la Pirámide de los Nichos] su estilo de construcción con cinco paramentos que arrancan individualmente desde el piso geológico para servir así de múltiples contrafuertes para sostener el núcleo de piedras de río, es una de las más características influencias huasteca, por seguir en su estilo constructivo la serie de los anillos concéntricos que hallamos en los primeros templos circulares(19)" .

Así mismo, en el marco del proyecto arriba mencionado se localizó otro asentamiento de gran relevancia denominado "Los Bailes", ubicado en el Cerro del Sapo, en la población de Tilaco(20) (figura 6), siendo de gran interés por su organización en plataformas comunicadas y su edificio de planta mixta, que recuerda otros sitios mesoamericanos importantes, como los de la cultura huasteca. Es factible pensar que pudo haber cumplido funciones de carácter defensivo, como parecen mostrar las grandes murallas que sostienen las mismas dos terrazas. Podemos también entenderlo como un recinto sagrado, un centro cívico religioso al que los habitantes del área llegarían a hacer ceremonias durante algunas épocas del año, prácticas probablemente dedicadas a la fertilidad, como atestiguan los testimonios etnográficos contemporáneos y la información histórica existente en torno a los antiguos habitantes de la Sierra Gorda(21).

Figura 6. Imagen del Cerro del Sapo en donde se localiza el asentamiento PANQ-143 "Los Bailes", Tilaco, Querétaro.

Encontramos, así, las edificaciones ubicadas sobre dos plataformas comunicadas por escalinatas (figura 7), además se comprobó que estas plataformas estaban adheridas directamente a la roca del cerro. La plataforma superior presentó un edificio aparentemente de planta mixta, la estructura A (figura 8), sobre la que se asentaba un probable templo(22).

Por otra parte, parece evidente que la tradición y las costumbres del actual pueblo de Tilaco recuperan creencias y prácticas que parece se realizaban cotidianamente en el espacio arqueológico de "Los Bailes", que sin duda funcionaba como un santuario dedicado al culto a la fertilidad, sobre todo de carácter agrícola, que probablemente se invocaba a través de diversas ceremonias en el sitio. El tipo de danzas que se practicaban, realizadas exclusivamente por hombres, recuerdan por ejemplo la tradición huasteca de prácticas similares, como la que consigna la lámina 30 del códice Borbónico (1979: lámina 30), en donde se ve a ayudantes huastecas y guerreros que realizan una "guerra de escobas" (luciendo un gorro muy similar al tocado de los danzantes actuales de Tilaco) llevando en una mano la escoba y en la otra lo que parece ser su falo erecto, durante los ritos de la festividad en honor a la diosa Tlazolteotl-Ixcuina(23).

Por tanto podría suponerse que el sitio de "Los Bailes" PANQ-143, pudo haber sido uno de estos santuarios dedicados al culto a la fertilidad asociado con alguna divinidad Huasteca como la Tlazolteótl-Ixcuina o el dios Ehécatl-Quetzalcoatl, o tal vez la misma diosa Cachum, la deidad pame de la fertilidad. Probablemente los trabajos de investigación futura en el sitio podrán precisar estos aspectos, pero por el momento bien puede tomarse como una hipótesis de investigación, suponemos bastante probable, la idea de que el sitio de "Los Bailes", atestigua los antiguos cultos a la fertilidad en el territorio de la Sierra Gorda queretana.

Figura 7. Vista de la muralla de la plataforma superior con la escalinata noreste. Sitio de "Los Bailes" PANQ-143

Figura 8. Vista de la plataforma superior con escalinata orientada al noreste y estructura circular B y plataforma rectangular C de la plataforma inferior. Sitio de "Los Bailes" PANQ-143

Otro elemento constructivo importante en la Sierra Gorda y que no se puede pasar por alto es la existencia de las canchas para el juego de pelota, siendo éste un rasgo muy común de Mesoamérica, una tradición que supera las diferencias locales o etapas cronológicas, ya que se les encuentra desde el Preclásico(24) hasta el Postclásico mesoamericano. En cuanto a estas estructuras, podemos mencionar la presencia del juego de pelota en ocho asentamientos localizados en la Sierra queretana que pueden indicar la importancia o estatus de un sitio, marca su independencia o afirmación de su existencia. Aparte de ocupar un lugar central cerca de los edificios mayores, a veces la cancha es el único elemento de importancia en lugares pequeños, el verdadero eje de ellos. De esto se concluye que el juego de pelota no es sólo un símbolo religioso de culto o pasatiempo, sino que tiene una dimensión política fundamental(25) (figura 9).

Figura 9. Plano del sitio "San Marcos", PANQ-17. Presenta una cancha de tipo abierto con estructuras laterales de perfil sencillo y aparentemente desprovisto de marcador vertical.

Puede decirse que algunas de estas edificaciones son monumentales. Tan sólo el juego de pelota del sitio "Santa Rita III" PANQ-147 en el poblado de La Campana, presenta una cancha de tipo abierto con estructuras laterales de dimensiones extraordinarias incluso para el conjunto de Mesoamérica: 9 m de ancho por 2 m de alto y 67 m de largo, siendo el ancho de la cancha de 10.40m. La disposición general de las construcciones y las medidas de la cancha recuerdan al centro cívico ceremonial de Tula, Hidalgo.

Por otro lado se localizó en el sitio PANQ-10 "Potrero de los Magueyes" un fragmento de yugo liso de basalto gris pulido, y en el PANQ-100, "Cuisillo del Barrio", un locatario de la comunidad de San Juan Buenaventura posee otro similar. Cabe mencionar que estos elementos, tan claramente relacionado con la práctica del juego de pelota aparecen en zonas muy variadas, aunque en mayor concentración hacia el estado de Veracruz, lo cual hablaría de la influencia cultural de esta zona hacia nuestra región de estudio(26) (figura 10)

De hecho nuestros ejemplares, que están fuera del área de la cultura totonaca, se asemejan a los que describe Proskouriakoff(27), quien señala que fuera del esa zona costeña los yugos son en su mayoría lisos.

Figura 10 Fragmento de yugo abierto y liso localizado en el PANQ-100 "Cuisillo del Barrio", San Juan Buenaventura, Querétaro.

Cerámica

La industria alfarera es uno de los principales materiales que corresponden a los pueblos sedentarios y marca una división con los nómadas. Esta área ha sido estudiada por nosotros desde el año de 1988, cuando se realizó un primer análisis cerámico . Ha confirmado y ampliado nuestro conocimiento sobre las características culturales de la región serranogordense, concretamente el periodo de ocupación de nuestra área y los rasgos fundamentales del análisis cerámico primigenio. De acuerdo con los datos obtenidos hasta el momento, nuestros ejemplares cerámicos abarcan un periodo que va desde el Clásico temprano (150-200 d.C.-650 d.C.) al Postclásico tardío (900-1521)(29).

Con base en estos materiales podemos decir que hubo contacto o influencia directa entre el norte de Querétaro y otras culturas más alejadas de ella, como las del centro de Veracruz, Monte Albán y Chalchihuites, entre otros sitios, como Río Verde, S.L.P, y con el sitio de Balcón de Montezuma, Tam., y en general con la llanura y la costa del Golfo de México y el Altiplano Potosino. Existe también, aunque en menor escala, cierta presencia de la cultura teotihuacana y de otros sitios del centro de México como Huapalcalco, Hgo., además de rasgos procedentes de regiones todavía más lejanas, como el área Mixteca-Puebla y los Valles Centrales de Oaxaca. Incluso en etapas más tempranas, con San Lorenzo Tenochtitlan, en la zona olmeca, en la fase San Lorenzo (1150 a 900 a.C.), por los tipos cerámicos Camaño coarse y Calzadas carved, determinados por M. Coe y R. Diehl, similares al tipo Escobillado que menciona Langenscheidt. Este último corresponde al tipo Concá estriado definido por nosotros. Lo anterior reafirma nuestra idea de relaciones de intercambio económico y/o cultural entre esta área de la Sierra Gorda y el resto de Mesoamérica desde etapas muy antiguas(30). Desde de luego, la relación con la cerámica huasteca es tan clara que es posible considerar al pueblo que vivió en nuestra zona como huastecoide, como son los materiales cerámicos que definimos como el tipo Arroyo Seco, negro pulido(31) (figura 13).

Puede decirse que la cerámica de la Sierra Gorda no se separa por subáreas o sub-regiones, sino que toda la producción de materiales cerámicos de la Sierra queretana es homogénea y local. Esto quiere decir que los grupos que estuvieron asentados en esta región tuvieron su propia manufactura de cerámica, con diseños y materia prima autóctonos de esta zona, por lo que todos ellos presentan atributos similares. Esto no implica que no existan influencias de otras regiones mesoamericanas, principalmente la Huasteca, como vimos(32). Pero parece que si un grupo foráneo a la zona penetraba en ella, utilizaba la materia prima serrana y conservaba los diseños propios de su región, si es que las elites locales no hubiesen sido las que habrían copiado los motivos extranjeros como un mecanismo de control y justificación política, como se ha presentado en otras áreas de Mesoamérica y también fuera de ella(33).

Figura 13. Arroyo Seco Negro Pulido con decoración de xicalcoliuhqui. Este tipo, por sus características decorativas, se asemeja al que Caso y colaboradores(34) definen para la cerámica de Oaxaca se remonta a la época II (1 al 200 d.C.) con técnicas de raspado o simplemente esgrafiado después de que la vasija fue cocida.

Destacan algunos materiales cerámicos que recuperamos en nuestras temporadas de trabajo de campo, como una vasija incompleta con caracteres zoomorfos, y que es posible que corresponda a una imagen dedicada al culto del dios Murciélago, Tzinacan o Zotz (figura 11) del México antiguo, divinidad que se remonta al menos al 500 a.C. En la Mesoamérica septentrional, y en especial en la región de la Sierra Gorda de Querétaro también existen evidencias de esta deidad durante la época del Clásico. Localizamos durante uno de nuestros muestreos arqueológicos en 1992, en el sitio PANQ-44 "Los Cuisillos/El Solitario", Tancoyol de Serra, un fragmento de vasija en cerámica con la efigie zoomorfa de un murciélago que sobresale de la pared del cuello, con decoración en círculos concéntricos con bandas gruesas en color negro. En el Museo Histórico de Sierra Gorda en Jalpan de Serra, se exhiben otros dos ejemplares también con la representación del quiróptero, uno de ellos encontrado en el año de 1960, es un pendiente de hueso en forma de cabeza y que se ubicaba como ofrenda en un entierro que contenía dos cuerpos. El otro es un pulidor en basalto localizado en el poblado de Carrizal de los Sánchez, Jalpan de Serra, el contexto fue una ofrenda en un entierro y se asoció con fragmento de obsidiana, tres pendientes de concha y objetos de cobre. Es importante resaltar que estos testimonios arqueológicos muestran la relación cultural con otras civilizaciones mesoamericanas de los pueblos que habitaron esta región septentrional queretana, en este caso a través del culto a la deidad murciélago(35).

Figura 11. Murciélago en un fragmento de vasija de la Sierra Gorda queretana.

Esta relación se muestra también con la posible presencia del dios Huehueteotl-Xiuhtecuhtli en la misma área del norte de Querétaro. En efecto, otro artefacto cerámico muestra una efigie de un anciano con barba, aparentando prognatismo o papada, tal vez relacionado con la iconografía de este dios mesoamericano tan antiguo. La característica de esta cerámica es que los recipientes tienen detalles modelados aplicados al pastillaje y combinados frecuentemente con una decoración incisa para representar expresiones de rostros trabajados en las paredes externas de las vasijas(36).

Otra pieza de relieve es la que forma parte del acervo que se conserva en el Museo Histórico de la Sierra Gorda de Querétaro. Se intentó establecer la identificación de la misma, que parece corresponder a una diosa de la fertilidad, tal vez Tlazoltéotl-Ixcuina, si se toma en consideración la influencia huasteca en la zona de la Sierra. Empero, es posible pensar también que este ejemplar sea una representación de la diosa pame "Cachum", madre del sol, pero a la que también se le invocaba para obtener la lluvia necesaria para las cosechas o bien para "conseguir mujer para casarse" (F Palou). En todo caso, esta figurilla de barro sería tal vez una de las pocas representaciones plásticas que existen asociadas probablemente con la religión de los habitantes de esta región Está completa y fue modelada en acabado burdo y engobada y su color es naranja. Destaca el rostro de la figura, con los inconfundibles ojos de "grano de café" al pastillaje, muy característico del material cerámico de la sierra, como se ve en ejemplos pertenecientes a nuestro tipo "Conca Pastillaje" y que hemos estudiado en otros trabajos. Además, se aprecia un tocado que asemeja un resplandor de tipo solar o bien, el característico caracol cortado ligado con la iconografía de Ehecatl-Quetzalcoatl, el llamado ehecailacacózcatl, "la joya del viento de voluta en espiral". Pero asimismo podría tratarse del típico gorro cónico de las divinidades huastecas, colocado en el centro del tocado. El resplandor o tocado cubre por completo la cabeza de la figurilla, y remata en dos orejeras de gancho al pastillaje. La nariz es prominente, en forma triangular. La boca aparece entreabierta y bien marcada. El cuerpo es delgado, y en él destacan los senos y un círculo bien trazado que tal vez señala el ombligo, o bien pudo haber servido para la incrustación de una piedra fina. Los brazos están flexionados y caen a lo largo del cuerpo y las manos se unen a la altura del vientre de la figurilla con las palmas hacia adentro y los dedos juntos. Asimismo se observa la representación del orificio genital femenino, el cual está muy bien marcado. Las extremidades inferiores casi no aparecen, pues el personaje está hincado, ya que si se ve la parte trasera de la pieza, se observan las piernas entrecruzadas, como si se unieran los glúteos con los pies del personaje. El carácter de la diosa Cachum como numen tutelar de la fertilidad humana parece indudable(37).

Figura. 12 figurilla en barro tal vez de la diosa de la fertilidad pame, "Cachum". Procede de la comunidad de La Flores, en la Sierra Gorda queretana.

Los materiales cerámicos reflejan también otros aspectos de la cultura serranogordense, por ejemplo las relaciones de otras áreas mesoamericanas con la Sierra Gorda. Así, encontramos un incensario completo procedente del yacimiento de El Soyatal, en el área de Pinal de Amoles, al norte de la Sierra Gorda queretana. Es de forma globular con cuello cilíndrico y borde evertido, con dos soportes esféricos huecos, pequeños, y un largo soporte cilíndrico que también funciona como mango. El decorado que muestra son numerosas perforaciones en calados triangulares concentrados en las paredes del cuerpo globular del incensario y con diseños esgrafiados que parecen enmarcar los triángulos. A este incensario(38) (Figura 14) Langenscheidt(39) lo considera estilo Mixteca-Puebla. Franco al respecto menciona que "en toda la Sierra Gorda se han encontrado sahumerios toltecas del tipo análogo a un cucharón con calados en las paredes y dos soportes al frente del cuenco". Cobean(40) dice que

"a juzgar por la presencia de incensarios con formas similares (...) en diversas regiones alejadas entre sí, como son la Cuenca de México, el valle de Puebla, la Huasteca, el valle de Oaxaca, es posible que con el tiempo se determine que esta forma de incensario es un elemento ritual común en los complejos cerámicos del Posclásico en gran parte de Mesoamérica".

Figura 14. Incensario de tipo Mixteca-Puebla localizado en el yacimiento de cinabrio de El Soyatal, Sierra Gorda queretana (Fuente: Langenscheidt[41] ) (Foto Arqueología Mexicana)

Figura 15 Sahumerio del Centro ceremonial El Cerrito, Querétaro encontrado por Valencia(42) (Foto Arqueología Mexicana)

Figura 16 Ejemplares de pipas tubulares y de codo del área de la Sierra Gorda de Querétaro.

En nuestra región de estudio también hemos localizado algunas pipas de barro (figura 16). Son parecidas a las encontradas en San Antonio Nogalar. Menciona Streeser-Péan(43), que estas pipas son tubulares rectas, como las pipas de la civilización Adena, que están entre las más antiguas de América del Norte.

De hecho, en los Bosques Orientales el uso de las pipas se asociaba a una jerarquía social elevada propia de los jefes clánicos, por lo que era común que se les enterrase con ellas. Además de su importancia ceremonial, las pipas eran objetos que se intercambiaban hasta grandes distancias en el propio Sureste, dentro del marco de las rutas de intercambio de los Hopewell. Había tribus especializadas en el cultivo del tabaco y su intercambio con tribus cercanas y a grandes distancias también(44).

Considerando que en el sureste de los EE.UU. el uso de la pipa(45) tiene orígenes anteriores al inicio de nuestra era, probablemente ésta llegó a México por difusión. Esta hipótesis se confirma por el descubrimiento en el norte de México y región de Río Verde de pipas de piedra importadas de la cuenca del Mississippi. Pero se trata casi siempre de pipas de codo y parecen ser del Postclásico o si acaso del Clásico final(46). Para Heldman, Río Verde fue la primera localidad mesoamericana a donde llegaron las pipas, "en épocas muy tardías del período Clásico(47)" .

Objetos de concha

Este material ha sido muy estimado y utilizado por diversos pueblos pasados y presentes, ya que constituye una excelente materia prima para la manufactura de adornos y objetos utilitarios, además de los atributos sagrados que se le confieren. Constituyó una verdadera industria artesanal específica y muestra tanto los niveles técnicos, el sentimiento estético y las manifestaciones ideológicas de los pueblos antiguos, como también relaciones económicas, especialmente comerciales, entre los mismos. En el caso concreto de la Sierra Gorda, la influencia huasteca se manifestó, entre otros aspectos, en la elaboración de los típicos objetos de concha, claros ejemplos de la presencia de esta cultura fundamental del México Antiguo(48).

Localizamos también un ejemplar de material de concha, aparentemente roto de la espiral. Este material fue recuperado por los habitantes de la zona como producto de trabajos agrícolas en el sitio PANQ-100 "Cuisillo del Barrio". Informaron que se encontró asociado con otras tres piezas de concha, como se puede observar (figura 16). Comentaron que se encontraba como una "coronita" sobre la cabeza de un niño, por tanto formando parte del entierro que parece fue descubierto por ellos. Este adorno (figura 17) tal vez sea un ehecailacacózcatl, que también puede tomar la forma de flor o mariposa completa o cortada a la mitad, símbolos de Quetzalcóatl, Ehécatl y Xólotl. Es el "joyel del viento", y simboliza los remolinos del aire y huracanes, tal vez por la forma helicoidal que la concha presenta(49) . Además, el caracol es símbolo de nacimiento, por lo que el pectoral que porta Ehécatl indica que es el dios de la vida, el hálito divino. El ehecailacacózcatl es eminentemente de origen huasteco(50). En el caso que nos ocupa, su asociación con el cadáver indica la esperanza en la continuación de la vida en algunos de los "paraísos" en que creían los pueblos mesoamericanos(51). En el área serranogordense el uso de la concha parece haber alcanzado también niveles de importancia, al igual que en la cultura huasteca.

Figura 17 Pectoral de ehecailacacózcatl, símbolo de Quetzalcóatl, Ehécatl y Xólotl; es el "joyel del viento", y simboliza los remolinos del aire y huracanes. Localizado en el asentamiento PANQ-100 "Cuisillo del Barrio".

Reflexión final.

Finalmente, tal vez pueda decirse que la población prehispánica del Querétaro septentrional presenta ciertos rasgos característicos, como el de haberse conformado a partir de migraciones de diversos grupos étnicos durante diferentes épocas y con distintos estadios de desarrollo cultural, desde grupos cazadores-recolectores hasta otros de culturas más avanzada. Por lo tanto es posible pensar que la Sierra pudo haber sido un verdadero corredor cultural, en el que confluyeron y se sintetizaron los rasgos propios de sus habitantes con los llegados de fuera, creándose así una cultura singular y de gran riqueza, que está siendo revalorada paulatinamente conforme avanzan los trabajos de investigación que se realizan en esta región fundamental para el estudio de la historia del México antiguo.

Figura 18. El amanecer en Tilaco, Sierra Gorda del Querétaro septentrional.


(1)María Teresa Muñoz Espinosa, Proyecto Arqueológico del norte del estado de Querétaro”, en: Alejandro Martínez Muriel coord.,  Anales de Arqueología  2005: 273-276.

(2) Foto tomada por la autora durante los trabajos de investigación en la región serranogordonse. Todas las fotografías son de la autora, salvo indicación en contrario.

(3) Enrique Nalda,  1991, (Comunicación personal).

(4) Gonzalo Aguirre Beltrán, Regiones de refugio: 62-63.

(5) Véase María Teresa Muñoz y José Carlos Castañeda,  “Historia y Arqueología de la Sierra Gorda.Análisis e interpretación de puntas”, Iztapalapa, México D.F.,  UAM-I, año 23, 52, enero-junio, 2002: 408-429. De hecho, se ha señalado que las puntas de proyectil “lermoides” constituyen el rasgo más distintivo de primitivas culturas precerámicas que se hallan diseminadas desde el área del Pacifico noroeste de Norteamérica (Cultura de la Vieja Cordillera, de Butler), a través de Texas y el sur de los Estados Unidos de Norteamérica; Tamaulipas; Santa Isabel Iztapan y Tlapacoya en la Cuenca de México. Coxcatlán en Puebla; El Jobo en Venezuela y hasta sitios tan meridionales como Argentina. Luis Aveleyra Arroyo de Anda,  Los cazadores primitivos en Mesoamérica: 63.

(6)  María Teresa Muñoz Espinosa, “Pipas Prehispánicas del Querétaro Septentrional” en: Primer Coloquio Internacional del Noreste Mexicano y Texas, Rutas, Caminos y Redes de Intercambio, Saltillo, Coahuila, 2003.

(7) Wigberto Jiménez Moreno, "Relaciones etnológicas entre Mesoamérica y el sureste de Estados Unidos", sobretiro de la Memoria de la Tercera Reunión de Mesa Redonda sobre Problemas Antropológicos de México y Centroamérica: 290-291

(8) María Teresa Muñoz Espinosa, “Material cerámico de la Sierra Gorda”, en: Sierra Gorda:Presente y Pasado. Coloquio en Homenaje a Lino Gómez Canedo, 1991:  13-34.

(9) PANQ es la abreviatura del “Proyecto Arqueológico del Norte del Estado de Querétaro, México”, que se le ha utilizado para clasificar a cada uno de los sitios con sus respectivos números de localización para  su identificación.

 

(10) María Teresa Muñoz Espinosa,“Una forma arquitectónica de planta mixta en la Sierra Gordade Querétaro”, en  Arqueología, México,  INAH,  2ª. ép.,  31,  Sep-Dic, 2003:38-55. Presenta una elevación que ofrece una pendiente suave y que se acondicionó para obtener el máximo espacio para la edificación de las estructuras y el desplante de ellas, los monumentos están distribuidos en forma agrupada,  desde ahí se obtiene una buena observación de control visual al medio y a partir de él se domina el entorno.

 

(11) Ana María, Crespo, “Estructuras de planta circular en el Bajío”, en: Cuadernos de Arquitectura Mesoamericana, 25, México, UNAM, marzo 1993: 79-87.

 

(12) Podría considerarse que este tipo de basamento comienza desde los primeros periodos de Mesoamérica, sin embargo para el Epiclásico y Postclásico temprano se hace más característica esta forma. Se empieza a desplantar desde los cimientos hasta llegar a la construcción de un edificio en forma circular característico del noreste y norte de México, podría tomarse como un ejemplo similar a la forma  de  las construcciones tipo Kiva de las tribus del Suroeste de Norte América que utilizaban para reuniones de tipo ritual o social.

(13) Vid el  reciente  estudio de William M. Ringle, et al., “The return of Quetzalcoatl. Evidence for the spread of a world religion during the Epiclassic period”,  Ancient Mesoamerica, Cambridge, v. IX, núm. 2, Fall 1998: 183-232. Cfr. María Teresa Muñoz Espinosa, “Una forma arquitectónica de planta mixta en la Sierra Gorda de Querétaro”, en  Arqueología, México,  INAH,  2ª. ép.,  31,  Sep-Dic, 2003: 38-55.

 

(14) José García Payón, “Arqueología de la Huasteca. Consideracionesgenerales”, en: Román Piña Chán, coord., Los pueblos y señoríos teocráticos. El período de las ciudades urbanas. Segunda parte: 59-123.

 

(15) Fray Berardino de Sahagún Historia general de las cosas de Nueva España Libro 1, Cap. V.

 

(16) Eduardo Noguera, Arqueología de Mesoamérica:  171.

 

(17) Por su parte García Payón (1976: 282) señala también que los edificios circulares abundan en la Huastecay se consideran como dedicados a  Quetzalcoatl, dios del viento o Ehecatl.

(18)  Remitimos al artículo de María Teresa Muñoz, “Una forma arquitectónica de planta mixta en la Sierra  Gorda de Querétaro”, en  Arqueología, México,  INAH,  2ª. ép.,  núm. 31,  Septiembre-Diciembre 2003: passim, donde se revisa  y discute el problema de las estructuras circulares huastecas, asociadas a Quetzalcóatl. De hecho,  parece innegable que estas construcciones circulares o semicirculares son típicas huastecas, lo cual no quiere decir que este pueblo fundamental para la cultura mesoamericana no hubiesen construido también edificaciones de planta cuadrangular, pero muchas veces con esquinas redondeadas. Como menciona  Felipe Solís, “La región huasteca”,  Arqueología Mexicana,  México, INAH- Raices, v. XIV, núm. 79, mayo-junio 2006: 81: “El carácter de la arquitectura huasteca se manifiesta en la preferencia de los constructores por la forma de la planta de las estructuras, ya sea circulares o una combinación de fachadas cuadrangulares y la parte posterior redondeada”.  Cfr. Paul Gendrop, Arte prehispánico en Mesoamérica: 228).  Quizá en épocas tardías los huastecas dejaron de construir tan profusamente edificios de planta circular o semicircular, como atestiguan Castillo de Teayo (vid Felipe Solís, “La estructura piramidal del Castillo de Teayo: Un edificio en proceso constructivo o un peculiar estilo arquitectónico”, en: Cuadernos de Arquitectura Mesoamericana,  México, núm. 8, 1986: 72-78)  y sobre todo Tamohí, en donde no hay, aparentemente,  edificios de planta  circular, lo que para algunos investigadores  hace dudar que las estructuras circulares sean “una característica arquitectónica de la Huasteca…por lo menos para la última época prehispánica”, como piensa Diana Zaragoza, “La arquitectura de Tamohí”,  Arqueología, México, D.F., INAH,  2ª. ép., núm. 36, diciembre: 75. Cfr. Diana Zaragoza  y Patricio Dávila, “Tamohí San Luis Potosí”,  Arqueología Mexicana,  México, INAH- Raices, v. XIV, 79, mayo-junio 2006: 41-45. Efectivamente, esta matizada opinión  no invalida así diferentes testimonios, innegables, de otros espacios arqueológicos de la zona huasteca, más tempranos o no, bien conocidos, con los edificios de planta circular o semicircular. Por citar tan sólo un ejemplo, en la cuenca baja del río Pánuco, fase Tampaón, del 900 al 650 a.C., abundan las “estructuras, elevadas, [que] fueron fabricadas con tierra apisonada y tienen planta circular o semicircular”, Ángel García Cook y Leonor Merino, “Secuencia cultural para el Formativo en la  Cuenca Baja del río Pánuco” en: Arqueología, México,  INAH,  2ª. ép., enero-abril 2004: 20). Sin olvidar el mismo Tamtok,  como puede comprobarse con una simple visita al sitio, y que además es coetáneo incluso a Tamohí en su última época  de desarrollo, hacia 1100-1300 d.C. Vid  Guy y Claude Stresser-Péan,  Tamtok, Sitio Arqueológico huasteco, Vol. 1 Su historia, sus edificios:: 110 y Guy Stresser-Péan, “La Huasteca: historia y cultura”,  Arqueología Mexicana,  México, INAH- Raíces, v. XIV, núm. 79, mayo-junio 2006: 38,   y  Felipe Solís, La región huasteca”,  Arqueología Mexicana,  México, INAH- Raices, v. XIV, núm. 79, mayo-junio 2006:  79-80.  Con ello, los estudios y las observaciones in situ de García Payón y Noguera, entre otros, parecen  confirmarse plenamente.

 

(19)  “Arqueología de la Huasteca. Consideracionesgenerales”, en: Román Piña Chán, coord., Los pueblos y señoríos teocráticos. El período de las ciudades urbanas. Segunda parte: 59-123

 

(20)Vid  María Teresa Muñoz,  Cultura e historia de la Sierra Gorda de Querétaro:   39. Palabra náhuatl que  quiere decir “Lugar  abundante en aguas negras”, de  tlil-lan-co,  de  tliltic,  negro,  lan,  por, tlan,  donde algo abunda, co, locativo  “en lugar de”.    

(21) María Teresa Muñoz Espinosa y José Carlos Castañeda Reyes, “Los Bailes, un santuario para el culto a la fertilidad en la Sierra Gordade Querétaro, México” en Arqueología, México, INAH.  2ª. ép., 38, May-Ags 2009: 153-177. Este espacio público  se integra  con pocas estructuras, pero algunas de ellas de gran relevancia, además de que  destaca  también  por el terraceo que se ha efectuado en la zona, elemento clave que muestra la búsqueda de superficies horizontales en regiones de terrenos en declive y accidentados, lo cual llevó a sus pobladores a imaginar soluciones con  el empleo de  macizos sólidos para tener suficiente espacio entre las terrazas

 

(22) María Teresa Muñoz Espinosa y José Carlos Castañeda Reyes, “La diosa Cachum, un numen de la fertilidad  de la Sierra Gordaqueretana”, en:  Arqueología,  México,  D.F., 2ª. Época, 38, 2005: 51-64.

 

(23) Cfr. Muñoz-Castañeda, “Los Bailes…” op. cit.: 153-177. Desde luego, la fiesta en honor del falo de Yahualica implicaba también música y danza, hasta que Don Porfirio decidió el traslado de la escultura del famoso pene a la Ciudad de México.  Vid  Nicolás León, "El culto al falo en el México precolombino. Nota etnológica",  Anales del Museo Nacional de México, México,  Museo Nacional, 2ª. ép., v. I, 1903: 278-280 y Ramón Mena,     Catálogo del Salón Secreto (culto al falo): 7, 28) 

 

(24) Dominique Michelet "¿Gente del Golfo tierra adentro?, Algunas observaciones acerca de la región de Río Verde S.L.P.", Cuadernos de Arquitectura Mexicana, México, UNAM,  núm. 8, 1986:83, señala que el juego de pelota pudo haber tenido un origen olmeca o "peri-olmeca" y su auge se habría alcanzado a fines del Preclásico, con un retroceso en su importancia durante el Clásico temprano, a excepción del área central maya y del norte de la costa del Golfo a partir de las cuales se dio un renacimiento en la importancia del juego durante el Clásico tardío.

 

(25) María Teresa, Muñoz Espinosa y Oziel Ulises Talavera, “El juego de pelota. Testimonios en la Sierra Gordadel Querétaro Septentrional” en: Arqueología, México, INAH, 2ª. Época  15, enero-junio 1996: 91-102.

 

(26) María Teresa Muñoz Espinosa, Proyecto Arqueológico del norte del estado de Querétaro”, en: Alejandro Martínez Muriel coord.,  Anales de Arqueología  2005, México, INAH, 2007: 273-276.

 

(27) Tatiana Proskouriakoff, “Varietes of classic Central Veracruz sculptures” en: American Anthropology and History, Carnegie Institution, Washington, vol. XXII, Núm.58, 1960: 50-51.

 

(28) María Teresa, Muñoz Espinosa, 1er. Informe semestral del Proyecto "Análisis del material cerámico del norte del Estado de Querétaro, México", Archivo Técnico dela Direcciónde Monumentos Prehispánicos, INAH, 1988, (Mecanoscrito). Este  estudio  inicial ha sido complementado de manera muy importante considerando nuestras investigaciones que hemos continuado efectuando enla Sierra Gordahasta la fecha.

 

(29) Seguimos  la periodización  de  A. López Austin, A. y L. López Luján, El  pasado indígena: passim, y  “Tiempo mesoamericano I. La periodización de la historia mesoamericana”. Arqueología mexicana,  México, Raíces, núm. 43, Mayo-Junio 2000: passim) A saber:  Etapa lítica (40000-2500 a.C.); Preclásico temprano (2500-1200 a.C.); Preclásico Medio y Tardío (1200 a.C. a  200 d.C.); Clásico temprano (150-200 d.C.-650);  Epiclásico o Clásico tardío (650-900);  Posclásico temprano (900-1200), Posclásico tardío (1200-1520).

 

(30) Véase Muñoz, “Materiales…” op. cit.: 14-15.

 

(31) Cfr. Muñoz, 1989:143-159 y 2007:133-140), por las características de sus atributos y comparaciones con otros materiales, pensamos que es un grupo muy fácil de identificar y clasificar ya que está emparentado con Tamaulipas y comparte una gran variedad de subtipos. Es distintivo del área Huasteca y se presenta abundantemente en todas las regiones, siendo el mejor conocido el Zaquil negro, definido por Ekholm para la región de Tampico-Pánuco.

 

(32) María Teresa Muñoz, "Análisis del material cerámico del norte del Estado de   Querétaro, México", (Tesis de Licenciatura en Arqueología, México, Escuela Nacional de Antropología e Historia): passim.

 

(33)  Como en el caso de Chavín de Huantar en los Andes Centrales Vid  Rogger Ravines, Panorama de la arqueología andina: 142-144.  Para el caso olmeca,  cfr. John Clark, “Una reevaluación de la entidad política olmeca. ¿Imperio, Estado o Cacicazgo?”, en Segundo y Tercer Foro de Arqueología de Chiapas: 50-52. 

(34) Alfonso Caso, et al.,  La cerámica de Monte Albán:  68.

(35) María Teresa Muñoz Espinosa, “El culto del dios Murciélago en Mesoamérica”, en Arqueología Mexicana, México, Raíces, Julio-Agosto, vol. XIV, núm.  80, 2006: 18-24.

(36) María Teresa Muñoz Espinosa, "Algunos tiestos con rasgos antropomorfos del Querétaro Septentrional", Boletín Oficial del  I.N.A.H., México, Nueva Época, Núm. 32, 1990: 30-37. 

(37) María Teresa Muñoz Espinosa y José Carlos Castañeda Reyes, “La diosa Cachum, un numen de la fertilidad de la Sierra Gorda queretana” en Arqueología, México, INAH.  2ª. ép., 38, May-Ags 2008: 51-64.

(38) Publicado por   Jose Luis Franco, “Trabajos y excavaciones arqueológicas. Material recuperado”, en  Consejo de Recursos Naturales No Renovables, ed., Minería prehispánica en la Sierra Gorda de Querétaro: 31.

(39) Cfr. Adolphus Langenscheidt, “La minería en la Sierra Gorda” en: Arqueología Mexicana, México, Raíces, v. XIII, núm. 77,  enero-febrero 2006;  52.

(40) Véase Robert Cobean, La cerámica de Tula, Hidalgo: 448-449.

(41)  Langenscheidt,   “La minería…” op. cit.: 46-53

(42) Cfr. Daniel Valencia, “Hallazgo de unidad residencial y altar toltecas en Corregidora”, Arqueología Mexicana, México, Raíces, v. 17, núm. 97, 2009: 12 donde menciona  un hallazgo de seis sahumerios de mano encontrados en el centro ceremonial de El Cerrito, Municipio de Corregidora en Querétaro, en cuyo interior portaba como ofrenda cuentas de concha quemada, cuentas de pizarra  con la figura de un cráneo, punta de proyectil de sílex blanco, punzones de hueso y una pipa de barro. Los tipos cerámicos encontrados permiten asegurar de una ocupación Tolteca. 

(43) Véase a Guy Stresser-Péan San Antonio Nogalar, La Sierra de Tamaulipas et la frontieré nord-est de la Mésoamérique: passim.

(44)  Que discute Harold E. Driver, Indians of North American: 108. El nombre tradicional  de la pipa es calumet,  y se le empleaba con fines curativos, para sellar todo tipo de contratos o  tratados  entre las tribus, como pasaporte por los” embajadores” durante sus recorridos,  para invocar la lluvia o el buen tiempo durante los viajes, entre otros usos. Cfr. María Teresa Muñoz Espinosa, “Pipas Prehispánicas del Querétaro Septentrional” en: Primer Coloquio Internacional del Noreste Mexicano y Texas, Rutas, Caminos y Redes de Intercambio: 35-56.

(45)  Que servían para fumar no sólo Nicotiana sp., tabaco, sino también  cáñamo.   Brian M. Fagan, Ancient North American, The Archaeology of a Continent: 408.  Jesse Jennings  and   Edward Norbeek, Prehistoric man in the New World: 242, dicen que se fumaba un tabaco nativo, el Nicotiana rusticum.   De hecho, el tabaco llegó aparentemente a Norteamérica procedente de México,  como explica  Driver (1969: 106-107).  El sitio arqueológico más antiguo con testimonios del uso de  la planta  es Smiling Dan en Illinois, c. el 250 d.C.  A partir de su introducción fue ampliamente cultivado, lo mismo en los Bosques Orientales que en las Praderas septentrionales,  en  California, en la costa de Oregon y al norte de la costa Noroeste.

(46)  En la zona de Ohio las pipas parecen evolucionar de las del estilo de plataforma a las  angulares o de codo. Jenningsy  Norbeek, op. cit.: 247.

(47) D.P. Heldman, "Relationships of theRíoVerdeValley,San Luis Potosi, México to the Huasteca",London, (Ph.D. Thesis, University of London, 1971):  

(48) Lourdes Suárez D, Tipología de los objetos de concha: passim..

(49) María Teresa Muñoz Espinosa, “Evidencias de utilización del material de concha en la Sierra Gorda queretana, México”, en  Quaderni di Thule. Rivista italiana di studi americanistici, Perugia, Italia,  4, 2005: 130-138.

(50) Lourdes Suárez D., “Interpretación iconográfica de algunos moluscos en pictografías del Altiplano”, en: Beatriz Barba de Piña Chán, coord., Iconografía Mexicana I: 113.

(51)  Bernardino de Sahagún Historia general de las cosas de Nueva España: 32, Libro 1, Cap. V.


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